13 agosto, 2009

y ahí estaba ella




y ahí estaba ella, habían pasado los días, y habían caído las noches, habían llorado las nubes y el sol no se aventuraba a salir. era uno de esos días serenos y murmurosos, donde la brisa acariciaba la piel tan suavemente, y el cielo grita que algo está por venir.

ahí estaba ella, sola en un rincón, y las paredes la abrazaban discretamente. ahí estaba ella, cantando, cantando silencios escandalosos. pidiendo a gritos silenciosos que alguien la abrazase, posara sus brazos sobre ella y la hiciera cantar. y así romper el silencio, desgarrar el vacío, y todo matiz pálido se volviese vívido de nuevo.

ahí estaba ella, ahí estaba yo. y ahí estaba el olvido, y ahí estaba la memoria de los momentos vividos. aquella pauta, aquella guitarra olvidada en el rincón, ahí estaban los pesares de aquellos amores, ahí estaban las etiquetas, de aquellas amistades. ahí estaba mi vida y mi pasión, ahí estaba la música y aquella canción. ahí estaba todo por cuanto he vivido y todo por cuanto he enfermado.

ahí estaba la lira. ahí estaban posando en el olvido, esperando a su amo y aquellas manos. se preguntaba ¿que pieza me dará hoy para tocar? ¿será una sonata, un rondó, un vals, o acaso una creación? la novena de beethoven, la cuarenta y uno de mozart, toccata y fuga o de vivaldi una estación.
ahí estaba ella y ahí estaba yo, con esta pauta en la mano, y aquella púa vieja. eramos los dos, eramos uno; guitarra y soñador.

CW